75 años de creer y crear: Grupo Bimbo, una historia visionaria para un México con propósito

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“¿Por qué no ponemos una fábrica de pan?”, preguntó Jaime Sendra, jefe de producción de la pastelería familiar El Molino, a Lorenzo Servitje, entonces gerente del negocio. En ese momento, una sencilla pregunta se convirtió en el preámbulo de Grupo Bimbo, el negocio que 75 años después sería una de las empresas mexicanas mejor posicionadas en el mercado panificador, y también fuera de México.

Para iniciar el nuevo proyecto, Jaime Sendra y Lorenzo Servitje invitaron a Jaime Jorba y a José T. Mata, con quienes tenían vínculos familiares y de negocios; así como a Alfonso Velasco, quien entonces fuera director técnico de Pan Ideal, reconocido como el mejor panificador de México.

Al poco tiempo, en 1945, la empresa contrató a su primer colaborador, un jovencito de 17 años: Roberto Servitje. El hermano de Lorenzo ingresó como supervisor de Ventas y Cajero. Junto con Jaime Jorba, recorrieron todo tipo de expendios comerciales, sin imaginar que estaban poniendo los cimientos de la que, décadas después, sería una de las redes de distribución de alimentos más extensas del mundo.

Los primeros pasos del Osito

El emblemático personaje representativo de la empresa panificadora es el Osito Bimbo, quien desde 1945 ha acompañado el transcurso de las generaciones en cada desayuno, almuerzo y cena familiar, con una tradicional y peculiar imagen de ternura, limpieza, blancura y suavidad.

La carismática imagen del Osito Bimbo acompañó el surgimiento de uno de los productos preponderantes del grupo: el Super-Pan Bimbo. Este producto resultó ser una importante novedad entre los hábitos de consumo del mercado mexicano gracias a su practicidad, higiene, frescura y sabor, volviéndose rápidamente indispensable en la despensa de los hogares. Hoy, Grupo Bimbo ofrece una amplia variedad de este producto clásico: Blanco, Integral, Doble Fibra, Multigrano, Bimbo Artesano y más.

El lanzamiento de los primeros productos fue acompañado por una original campaña publicitaria: en los principales diarios del país se publicaron historietas en las que el Osito Bimbo, además de promover las cualidades prácticas y nutritivas del pan de caja, protagonizaba una serie de divertidas aventuras.

Jaime Jorba dirigió al primer equipo de vendedores que recorrió el país de punta a punta buscando los distribuidores adecuados. “El producto se acababa todos los días. Dábamos un servicio diario y por ello la gente comía pan fresco. ¡Muy pronto subieron nuestras ventas!”, contaba Jorba.

Super-Pan Bimbo. Crédito: cortesía Grupo Bimbo.

Los inicios de expansión

Grupo Bimbo, la empresa que popularizó en México los sándwiches y el consumo de pan tostado, empezó a crecer rápidamente. En 1946 ya se pensaba en ampliar la planta de Santa María Insurgentes, y un año más tarde, a iniciativa de Roberto Servitje, comenzó a estructurarse el área de vehículos que cumpliría una función estratégica en el crecimiento de la empresa: ampliar las rutas de distribución. 

Para fines de 1947, ya eran nueve los productos Bimbo en el mercado: Pan Blanco, Pan Tostado, Pan Negro, Pan Dulce, Bizcocho de Pasas, Bollos y Panqués grandes, medianos y chicos. El catálogo de la panificadora pronto permitió al grupo llegar hacia territorios inexplorados en Puebla, Cuernavaca, Toluca y Pachuca. También incorporó unidades provistas de tocadiscos, micrófonos y altavoces que promovían los productos del Osito Bimbo en rancherías y pequeños poblados. La fórmula se repitió durante muchos años: camiones de sonido con tiendas acopladas en su parte posterior abrieron mercado en nuevos caminos.

En los años 50, Grupo Bimbo presentó nuevos productos, entre ellos aparecieron las Donas Bimbo y una nueva línea de bollería a cargo de los tradicionales Bimbollos, Medias Noches y Colchones.

El crecimiento de la compañía permitió a los accionistas de Bimbo iniciar las primeras actividades de responsabilidad social al destinar un porcentaje de las utilidades para abrir y mantener una escuela a la que se invitó a los niños del barrio.

Asimismo, la expansión comenzó a demandar una nueva planta de producción y Guadalajara sería el punto clave para direccionar la nueva sede del Grupo en el occidente del país. Inaugurada en 1956 a cargo de Roberto Servitje.

El nacimiento de Marinela

Inspirada por una peculiar inquietud para elaborar pasteles y pastelitos industrializados, en 1954 la familia Bimbo realizó las primeras pruebas de producción de pasteles espatulados al estilo americano, redondos y sencillos, sin decorado y de sólo tres sabores: naranja, fresa y chocolate.

Para operar esta nueva línea de producción, surgió Marinela, empresa representada por una pequeña niña rubia de sombrilla y canasta.

El reto era crear un pastelito que pudiera envolverse, conservando al mismo tiempo el delicado balance de ingredientes y la atractiva presentación de la rica tradición pastelera europea. Después de muchos experimentos, en 1957 el director técnico, Alfonso Velasco, dio con la fórmula y desarrolló tres productos susceptibles de envoltura, convirtiéndose en un rico surtido de pastelitos que implicaban una cierta labor artesanal y que en sus inicios se vendían sin envoltura y en capacillos rojos.

Crema, chocolate y mermelada de fresa: el éxito de Gansito pronto logró diferenciar los sistemas de distribución y las rutas se especializaron. Aquella fue la época de las famosas “Ganseras”, unas motonetas Vespa con una pequeña cabina al frente y una caja en la parte posterior. Golosina, postre y bocadillo, el Gansito fue un acierto de diseño, ventas y publicidad que se convirtió en un símbolo institucional. El primer pedido que Gansito Marinela fue de 500 unidades y llevó 8 horas de trabajo.

Más allá de la panadería

En 1972, Bimbo incursionó en una nueva dimensión industrial al instalar en Azcapotzalco, Ciudad de México, en su momento la planta panificadora más grande de América Latina y una de las diez más grandes del mundo, con sistemas de avanzada producción y procesos de tecnología moderna.

El hito tecnológico de la nueva planta de producción trajo consigo el nacimiento de un nuevo miembro de la familia: los Bimbuñuelos. La fabricación de este alimento favorito significó un enorme reto técnico.

La expansión de Bimbo en líneas ajenas a la panadería y pastelería surgió al mirar hacia la industria de dulces y chocolates. Fernando Servitje, entonces director de El Molino (y hermano menor de Roberto y Lorenzo), elaboraba algunos dulces como el Kranky en una pequeña fábrica de chocolates llamada Barcel, misma que Bimbo adquirió posteriormente.

Así, Barcel pasó a formar parte del Grupo, que en los primeros años de los setenta fabricaba dulces y botanas. A partir de 1978, la confitería pasó a Dulces y Chocolates Ricolino, lo que en poco tiempo dio origen a nuevas creaciones como los tradicionales Paleta Payaso, Bubulubu, Palomitas Barcel y posteriormente productos como Chip’s, y papas con un novedoso y ligero toque adobado. La alegre Ardillita Barcel se sumó al Osito Bimbo y al Gansito Marinela.

Una empresa sin fronteras

Durante los años ochenta, Bimbo creció a un ritmo mayor que la industria mundial de panificación, advirtiendo que los tiempos exigían salir del territorio nacional.

Bajo la dirección de Roberto Servitje, en 1984 partió desde México hacia Houston, Texas, el primer tráiler con exportaciones de Marinela.

Con la creación de Bimbo Centroamérica, en 1989, y la construcción en Guatemala de la primera planta fuera del país, se desató el intenso proceso de internacionalización que ha marcado a la empresa en las últimas décadas.

La historia se renueva

Tras 75 años de trayectoria, los compromisos del grupo siguen siendo esencialmente los mismos: calidad y servicio, sólo que su ámbito se ha extendido, de aquella “gran metrópoli” a 33 países.

Este gran desarrollo ha desencadenado una parte esencial en la estructura de sus operaciones: la Sustentabilidad. Entre las acciones más recientes destaca el despliegue de 500 vehículos eléctricos en Monterrey, Guadalajara y CDMX, destinados a la distribución sustentable. Además, la compañía ha innovado en sus empaques como parte de su estrategia integral de gestión de residuos. Recientemente lanzó la primera envoltura compostable para pan en su línea Vital e incorpora la tecnología D2W en todos aquellos donde esta aplica.

Adicional, la empresa se ha puesto el propósito de operar para 2025, con energía eléctrica 100% renovable, proveniente de fuentes como el aire o el sol.

FUENTE: FORBES

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